Hoy ha amanecido con lluvia, me
encantan los días lluviosos con un té humeante en las manos apoyada en la
puerta de casa mientras cae esa lluvia fina, es uno de esos momentos en los que
mi mente recorre mil un recovecos, donde mis pensamientos pasan por todo lo imaginable
e inimaginable.
Mientras paseaba bajo el agua
pensaba en las muchas cosas que tenía pendientes: cambiar la ropa, llevar la
leña a casa, terminar un trabajillo, corregir otro, ayudar a mi hermana,
estudiar un tema nuevo… pero todo ha quedado en un segundo plano por un
desayuno tranquilo y una conversación relajada con mi hermano. Después, una vez
a solas con mis pensamientos, estos comienzan a tener vida propia.
El domingo siempre me ha dado
paz, da igual la época del año, el lugar o las personas que me rodean; el
domingo, y más si es lluvioso, se presta a hacer cosas distintas, más relajada,
sin horarios; hasta que llega la noche y se transforma, se convierte en solitario,
en tristón. No sé si a vosotras os pasará lo mismo, pero esas tardes noches de
domingo siempre son tristes, bien porque debes preparar las cosas para el
lunes, porque se van tus hijos, porque no has hecho ni la mitad de las cosas
que querías hacer, o porque te lo has pasado tan bien, tan a gusto, que no
quieres que termine. Pero bueno, dejemos la melancolía y vayamos al
pensamiento.
Pensaba en una frase de Roger
Miller, que leí hace mucho tiempo y hoy he recordado: “Algunas personas caminan
bajo la lluvia, otras simplemente se mojan”. Nunca he entendido muy bien este
pensamiento ¿qué quiere decir? Tengo dos versiones, o dos explicaciones
(¡¡recordar que soy libra!!). ¿Las personas que caminan bajo la lluvia son las
que no saben disfrutar de la vida y las que se mojan son aquellas que se
implican, que viven con intensidad? O ¿Las personas que caminan bajo la lluvia
son las que disfrutan de ese paseo, de esa lluvia y las que se mojan son las
que no saben disfrutar, las que solo ven problemas e inconvenientes en todo
sitio?
Por una parte, parece que pasear bajo la
lluvia es pasar por la vida sin pena ni gloria, caminar por un sendero marcado
donde no nos damos cuenta de las cosas que nos rodean y se salen de nuestro
camino. Y mojarse significa que pasamos por la vida implicándonos, disfrutando
de todo lo que nos rodea, sin importarnos las consecuencias. ¿Quiénes somos
nosotras? ¿Aquellas mujeres que caminan bajo la lluvia, sin mojarse, con la
cabeza gacha intentando que la vida, la lluvia, resbale por su impermeable o su
paraguas? O ¿aquellas mujeres que se mojan, mujeres que en cada paso que dan
ponen toda su fuerza, toda su energía en avanzar, mujeres que saltan ante las
injusticias, mujeres que se despeinan, mujeres que se mojan en todo y por todos?
La otra explicación es totalmente
distinta pero igual en el fondo, pasear bajo la lluvia
significaría recorrer un camino disfrutando de ese paseo, sin importarnos la
lluvia, los problemas, sabiendo que la vida es eso, días de lluvia y días de
sol, y que hay que saber afrontar ambos con una sonrisa, con fuerza y energía.
Mojarse, en este caso, significaría que cuando llueve no nos damos cuenta de la
belleza que hay en esa lluvia, que es necesaria para la vida que, si
cae en un pedregal, este al tiempo florecerá, que la tierra sin agua es tierra
inútil, que los problemas que la vida nos trae nos hacen daño pero somos
incapaces de superarlos, de afrontarlos, dejando que nos mojen y nos hagan
daño, sin ver una salida, o sin ver que esos problemas forman parte de la vida
y que depende de cómo los aceptemos nos harán más o menos daño.
Yo soy de las que se mojan aunque caiga una tormenta ...y de las que disfrutan de una conversación relajada con mi familia ....creo que alcance la madurez cuando me di cuenta de que son los momentos vividos los que te llevas contigo... todo los demás no importa ...todo lo demás es relleno ....
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