lunes, 21 de octubre de 2019

Segundo pensamiento: Domingo lluvioso

Por María Rodríguez González-Moro

Hoy ha amanecido con lluvia, me encantan los días lluviosos con un té humeante en las manos apoyada en la puerta de casa mientras cae esa lluvia fina, es uno de esos momentos en los que mi mente recorre mil un recovecos, donde mis pensamientos pasan por todo lo imaginable e inimaginable.

Mientras paseaba bajo el agua pensaba en las muchas cosas que tenía pendientes: cambiar la ropa, llevar la leña a casa, terminar un trabajillo, corregir otro, ayudar a mi hermana, estudiar un tema nuevo… pero todo ha quedado en un segundo plano por un desayuno tranquilo y una conversación relajada con mi hermano. Después, una vez a solas con mis pensamientos, estos comienzan a tener vida propia.

El domingo siempre me ha dado paz, da igual la época del año, el lugar o las personas que me rodean; el domingo, y más si es lluvioso, se presta a hacer cosas distintas, más relajada, sin horarios; hasta que llega la noche y se transforma, se convierte en solitario, en tristón. No sé si a vosotras os pasará lo mismo, pero esas tardes noches de domingo siempre son tristes, bien porque debes preparar las cosas para el lunes, porque se van tus hijos, porque no has hecho ni la mitad de las cosas que querías hacer, o porque te lo has pasado tan bien, tan a gusto, que no quieres que termine. Pero bueno, dejemos la melancolía y vayamos al pensamiento.

Pensaba en una frase de Roger Miller, que leí hace mucho tiempo y hoy he recordado: “Algunas personas caminan bajo la lluvia, otras simplemente se mojan”. Nunca he entendido muy bien este pensamiento ¿qué quiere decir? Tengo dos versiones, o dos explicaciones (¡¡recordar que soy libra!!). ¿Las personas que caminan bajo la lluvia son las que no saben disfrutar de la vida y las que se mojan son aquellas que se implican, que viven con intensidad? O ¿Las personas que caminan bajo la lluvia son las que disfrutan de ese paseo, de esa lluvia y las que se mojan son las que no saben disfrutar, las que solo ven problemas e inconvenientes en todo sitio?

 Por una parte, parece que pasear bajo la lluvia es pasar por la vida sin pena ni gloria, caminar por un sendero marcado donde no nos damos cuenta de las cosas que nos rodean y se salen de nuestro camino. Y mojarse significa que pasamos por la vida implicándonos, disfrutando de todo lo que nos rodea, sin importarnos las consecuencias. ¿Quiénes somos nosotras? ¿Aquellas mujeres que caminan bajo la lluvia, sin mojarse, con la cabeza gacha intentando que la vida, la lluvia, resbale por su impermeable o su paraguas? O ¿aquellas mujeres que se mojan, mujeres que en cada paso que dan ponen toda su fuerza, toda su energía en avanzar, mujeres que saltan ante las injusticias, mujeres que se despeinan, mujeres que se mojan en todo y por todos?

La otra explicación es totalmente distinta pero igual en el fondo, pasear bajo la lluvia significaría recorrer un camino disfrutando de ese paseo, sin importarnos la lluvia, los problemas, sabiendo que la vida es eso, días de lluvia y días de sol, y que hay que saber afrontar ambos con una sonrisa, con fuerza y energía. Mojarse, en este caso, significaría que cuando llueve no nos damos cuenta de la belleza que hay en esa lluvia, que es necesaria para la vida que, si cae en un pedregal, este al tiempo florecerá, que la tierra sin agua es tierra inútil, que los problemas que la vida nos trae nos hacen daño pero somos incapaces de superarlos, de afrontarlos, dejando que nos mojen y nos hagan daño, sin ver una salida, o sin ver que esos problemas forman parte de la vida y que depende de cómo los aceptemos nos harán más o menos daño.

Pero nada es blanco o negro, la vida no es solo de caminar o de mojarse en unos momentos de nuestra vida, vivimos sin darnos cuenta de las cosas que nos perdemos por no detenernos, por no mirar hacia arriba por miedo a mojarnos y otras veces nos mojamos tanto y tanto que perdemos de vista aquello que verdaderamente importa. Que unas veces la vida pasa por nosotras sin apenas tocarnos, que somos incapaces de disfrutar de una buena comida, un buen vino, una buena conversación o un buen libro, porque estamos inmersas en un problema, sin ver más allá. Que la vida está para disfrutarla, traiga lo que traiga, que no pasa nada por mostrarnos débiles, o fuertes; que podemos reír a carcajadas o simplemente sonreír; llorar a solas o en compañía, siempre que sean lágrimas y risas verdaderas no importa lo que hagamos mientras vivamos la vida tal y como la sintamos en cada momento y, sobre todo, que nunca podamos decir que no hemos vivido con intensidad.

1 comentario:

  1. Yo soy de las que se mojan aunque caiga una tormenta ...y de las que disfrutan de una conversación relajada con mi familia ....creo que alcance la madurez cuando me di cuenta de que son los momentos vividos los que te llevas contigo... todo los demás no importa ...todo lo demás es relleno ....

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