Por María Rodríguez González-Moro
https://ambulanciadeldeseo.es/
Recuerdo la primera vez que oí hablar de esta Fundación, estaba tranquilamente sentada viendo las noticias regionales cuando apareció una cara conocida, Laura, y puse todos mis sentidos para ver dónde se había metido esta “loca” enfermera. Después llamé a mi hermana para preguntar e interesarme por esta extraordinaria iniciativa.
Una historia que nació en Holanda en 2007 y, como la mayoría de las cosas buenas, guiada por el deseo de alguien que tan solo quiso hacer realidad el sueño de un marinero: ver el mar por última vez. Kees Veldboer, conductor de una ambulancia que se dirigía al hospital, realizó un pequeño desvío hacia el puerto, y al ver la expresión de alegría del enfermo - Mario-, decidió organizarle una ruta para que pudiera despedirse de su querido mar, ese mar que había sido su vida, que llevaba grabado en su alma y quería retener en la retina en su último viaje. Dos meses más tarde la Fundación Ambulancia del Deseo era un hecho.
Pero ¿cómo llegó a Murcia?
En 2017 José Manuel Salas, Manuel Pardo, Carolina Cánovas y Laura Juguera arrancaron con el proyecto HURGE, un proyecto que pretende la Humanización de las Urgencias y Emergencias, poniendo al paciente como centro del sistema, no considerándolo un mero número, pero sin olvidar a las familias porque, cuando una persona enferma, enferma toda la familia; y también ayudando a que los profesionales desarrollen su actividad de una forma gratificante y menos mecánica, en definitiva, a HUMANIZAR la sanidad.
El 20 de abril de 2018 durante el I Congreso de HURGE que se celebró en Murcia, anunciaron que traían la Fundación a España y comenzaron a cumplir deseos.
La finalidad de la fundación es ayudar a todas a aquellas personas que, encontrándose en una situación de enfermedad importante o incurable, necesitan una ambulancia y un equipo sanitario para desplazarse. Siempre pensamos que cuando hablamos de deseo se trata de un deseo enorme, costoso e incluso imposible, y en ello hay parte de razón, pero hay otros deseos que pueden parecernos muy pequeños cuando estamos sanos, somos jóvenes o tenemos dinero y que son un mundo en situaciones de dependencia; la Ambulancia del Deseo no tiene límites, lo mismo cumple el deseo de Josefa, que pasó una tarde en su pueblo con su familia, que el de José Francisco, Severo, o el de Graciella, que con una enfermedad degenerativa pudo volver a Bolivia y reencontrarse con su familia, un deseo que implicó a decenas de profesionales.
La Ambulancia del Deseo nos necesita a todos, necesita voluntarios, a los que imparte cursos de formación, patrocinadores que no solamente aporten ese dinero tan necesario para seguir cumpliendo deseos, también que cedan espacios o materiales. Nos necesitan a todos porque nosotros los necesitamos a ellos.
Mi madre ha visto cumplido su deseo, su partida, cuando llegue, será menos dolorosa para ella y para nosotros.
Gracias. Solo puedo deciros que muchas gracias, mi familia y yo siempre estaremos eternamente agradecidos.
